LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA (1895-1919)


Con el gobierno de Piérola (1895-1899), la presencia de civiles en el poder le dio al país un perfil diferente: tolerancia a las nuevas ideas y el propósito de garantizar orden interno para impulsar el progreso. los oligarquía, un grupo de familias que controlaba la agricultura, la minería y el sistema financiero fue el que trazó un proyecto de desarrollo acorde a sus intereses. Esa era la tarea del Partido Civil que monopolizaba el poder.
Se pensaba que el Estado debía ser pequeño, barato y pasivo, es decir, modesto en recursos y ajeno al intervencionismo. Se diseñó una reforma electoral y tributaria y se hizo más eficiente la administración pública. El gasto público debe ser muy bajo y la acción del Estado no debe interferir con la actividad privada. Por ello, los servicios ofrecidos por el Estado fueron escasos y se redujeron a los relacionados con el orden (ejército, policía y justicia); la educación o la vivienda estaban cubiertas por la iniciativa privada.
Los impuestos deben ser lo más bajos posible para no afectar a los grupos generadores de riqueza. Se promovieron los impuestos indirectos, que se aplicaron a los artículos de consumo masivo (sal, cerillas, licores, tabaco). Si se deseaba realizar una obra en una provincia, se aumentaban los impuestos al consumo en la zona en cuestión. El Perú era una especie de “paraíso fiscal”, un marco atractivo para los intereses de la población civil vinculados a múltiples actividades comerciales.
Los civilistas continuaron impulsando el modelo exportador. La agricultura asumió el papel dinámico que antes había jugado el guano. De esta manera, los terratenientes se convirtieron en la élite dominante hasta 1919. La industria azucarera se modernizó, especialmente en el valle de Chicama. La producción de algodón siguió en importancia en los valles de Ica y Piura. Fermín Tangüis encontró una planta resistente a plagas que luego se hizo famosa en todo el mundo por su alta calidad: el “algodón Tangüis” permitió a los agricultores obtener excelentes beneficios, colocando al Perú como exportador del mejor algodón del mundo. Finalmente, la lana de oveja y camélido se exportó desde la sierra sur: más del 70% de las exportaciones que salieron por Mollendo correspondieron a lana.
Se le dio a la minería un marco para incentivar su expansión. Fue exonerada por 25 años de todos los impuestos. Además, en 1893, el Ferrocarril Central alcanzó La Oroya y, poco después, a Cerro de Pasco, Huancayo y Huancavelica. La sierra central fue la zona minera más desarrollada. Allí los Cerrado por Pasco Mining Corporation, con un 70% de capital norteamericano, inició la explotación de cobre y otros minerales
También hubo un desarrollo notable en la economía urbana ya que buena parte de las ganancias de los exportadores se invirtieron en el país. Es el momento en que la industria, los servicios públicos (agua, luz, teléfono) y la banca experimentaron un gran crecimiento en Lima. Lima fue la única capital latinoamericana cuyos servicios básicos pertenecían íntegramente a la capital nacional.
La industria textil fue la que alcanzó un mayor desarrollo, especialmente la que fabricaba tejidos de algodón. En Lima estaban las principales fábricas como Santa catalina y San Jacinto. La industria alimentaria siguió en importancia: inmigrantes italianos fundaron helados D’Onofrio y, para hacer harina, Hermanos Nicolini. En Lima había 7 fábricas de fideos y 12 en provincias. La producción de galletas estaba monopolizada por Campo Arturo. La industria cervecera estuvo representada por Backus y Johnson (Lima) y Fábrica Nacional (Callao). Las fábricas de refrescos también se multiplicaron.
Hacia 1918 este modelo fue cuestionado por la clase media, los trabajadores y los estudiantes universitarios que exigían la necesidad de transformar el Estado y apoyarlo con criterios más democráticos. Las repercusiones de la primera guerra El Mundial provocó un malestar general por el colapso de las exportaciones (inflación de precios y escasez de alimentos básicos). Aquellos años estuvieron marcados por la violencia política y uno de los hechos más visibles fue la presión de los trabajadores apoyados por los estudiantes universitarios. El civilismo, dirigido por José Pardo, se tambaleaba en el poder.